miércoles, 25 de marzo de 2009

Construyendo conocimiento

Es tarde en la noche, estás cansado y sientes cómo tus ojos libran una desigual batalla para evitar ser vencidos por el sueño mientras luchan banalmente por seguir las líneas del texto que desde hace algunas horas te encuentras leyendo. ¿Cómo es posible que lleves tanto tiempo en el mismo párrafo y aún no logres captar su idea central? Pero si el tema del texto no entraña mayor dificultad, y además, lo que has leído hasta el momento te ha quedado absolutamente claro… ¿o no? ¡Ahora te percatas de que no te es posible recordar siquiera el título de lo que estas leyendo! Tratas de mantener la calma mientras piensas: Debe ser el cansancio. Haces un intento por ignorar aquel dolor de cabeza que desde hace algunos minutos quiere apoderarse de tus pensamientos y tratas de retomar la lectura…
Si te has visto inmerso en situaciones similares es probable que tus hábitos de estudio no sean los más adecuados para estimular las múltiples habilidades que tu cerebro puede llegar a desarrollar. Una eficaz solución a esas situaciones puede hallarse en el uso de sencillos diagramas conocidos como mapas mentales, ya que nos proporcionan magníficas herramientas que nos permiten desarrollar nuestra habilidad de memorizar, a la vez que cultivamos y acrecentamos nuestra creatividad. Esto se hace posible gracias a que el texto lineal es reemplazado por imágenes o símbolos que te permiten relacionar nuevos conceptos con la información y conocimientos preexistentes, haciendo de la comprensión textual un asunto sencillo y facilitando el acto de memorizar, lo que te llevará a alcanzar la eficacia en tu proceso de aprendizaje, ya que una vez que comprendes un asunto te resultará sencillo recordarlo y aplicarlo en las situaciones cotidianas.
¿Cómo construir un mapa mental? A continuación expondré una serie de pasos que te permitirán acceder de fácilmente a esta eficaz e indispensable herramienta en el proceso de construcción del conocimiento.
1. Define el tema que deseas: estudiar (si es el caso del análisis de un libro o texto), elaborar (si se trata de un artículo o ensayo) o resolver (si lo que deseas es darle solución a un asunto o generar ideas nuevas).

2. Toma una hoja en blanco y plasma en el centro(a modo de gráfico) la idea principal del texto a analizar. (El tamaño de la hoja constituye un factor determinante en la producción de tu mapa, ya que tu cerebro dispondrá de todo el espacio que le proporciones para manifestar su creatividad.)


3. Dibuja una serie de ramas que se desprendan de tu idea central y asocia a ésta términos que guarden relación.

4. Libera toda tu creatividad y relaciona cada término a otros que a su vez lo complementen, incluso aquellos que en un principio consideres incoherentes. En este punto tendrás una gran cantidad de ideas en torno a una central y su aspecto será similar al del un gran árbol.


5. Revisar tu mapa y de ser necesario reorganiza conceptos. Recuerda utilizar una amplia gama de colores para facilitar la comprensión y retención de la información. Estimula y expresa toda tu creatividad y anímate a explorar los mecanismos que utiliza tu mente para organizar las ideas ya que eso es precisamente un mapa mental, la representación gráfica de la estructura del pensamiento.

miércoles, 18 de marzo de 2009

LAS PALABRAS NO BASTAN

Me permito hacer una invitación formal a todo aquel que amablemente pose su mirada sobre estas líneas, para que me acompañe, si así lo determina su deseo, en un singular “viaje mental”.

Imagina que acabas de salir de casa con el firme propósito de asistir a una cita que para ti guarda suma importancia. Piensa que ésta cita es tal vez el mejor obsequio que puedas regalarte. Piensa que en este instante te dispones a cumplirle una cita a la vida. Mientras diriges tus pasos al lugar de la cita pregúntate… ¿Qué te motivó a concertar dicha cita? Tal vez sentiste que mientras te sumergías en las profundas aguas de la cotidianidad estabas olvidando tu propio cuidado y decidiste retomarlo antes de que tuvieras que padecer tu descuido; tal vez no te percataste a tiempo de este suceso y ahora, en este instante, te diriges hacia esta cita con el anhelo de encontrar el sosiego y la tranquilidad que tu descuido se ha llevado; o tal vez has perdido el norte en tu camino y, después de una prolongada meditación has decidido finalmente acudir a esta cita con la esperanza de retomar el rumbo perdido.

Ahora, imagina que después de recorrer algunas calles en unos cuantos minutos has llegado al lugar de la cita. En él se encuentran una considerable cantidad de personas que, como tú, han decidido acudir para alcanzar nuevamente un punto de equilibrio en sus vidas. Te sientes exhausto y un poco molesto al ver tal cantidad de personas; al parecer, el peso de tu cuerpo se ha incrementado considerablemente y tus pensamientos bullen difusos mientras el dolor de cabeza te confunde y te hace sentir mareado. Debes encontrar un asiento para lograr resistir las molestias que siempre trae consigo la espera, además de tener que afrontar las molestias que son la causa misma de encontrarte en aquel lugar.
Al fín, en el extremo opuesto, vislumbras una silla vacía. Encaminas tus pasos hacia ella, y en el trayecto, logras percibir con mayor detalle la naturaleza de las personas que te rodean. Tus oídos perciben un constante y conmovedor llanto de bebé. Tu mirada hace un esfuerzo por encontrar la fuente del sonido y efectivamente, a unos pocos metros de distancia vislumbras a una madre tratando en vano de sosegar a su pequeño hijo, quien al no poder manifestar la causa de su molesta se refugia desesperadamente en el llanto. Un poco más allá logras divisar a una anciana recostada quedamente sobre el hombro de quien parece ser su hijo. Ella luce cansada, resignada e incómoda por encontrarse en aquel atiborrado lugar; su rostro, surcado por el paso inclemente de los años, parece expresar su más profundo deseo que no es otro que el de regresar y descansar, pese a sus dolencias, en la cotidianidad de su hogar, junto a las personas que ama, con la certeza de que en aquel lugar nadie podrá aliviarla. En sus ojos logras percibir un cierto temor, ese temor que se traduce en la esperanza de su hijo: Dejar a su madre al cuidado de las personas que podrían prolongar un poco más su existencia en este mundo o, por lo menos, aliviar un poco sus dolencias.

Sigues avanzando hacia el sitio donde se encuentra tu silla, pero antes de llegar, percibes algo que te causa suma curiosidad. Cerca a una ventana vez a una joven solitaria cuya mirada se encuentra sumergida en el limitado espacio del lugar. A diferencia de los que allí se encuentran, ella no parece estar enferma (salvo una cierta palidez en su rostro); sin embargo no puedes dejar de sentir que algo en ella está mal. Buscas una expresión en su mirada y lo único que encuentras es el vacío. Finalmente has llegado a tu silla, pero tu pensamiento se ha quedado junto a aquella joven; desde allí, aquel vacío en su mirada luce más grande, grave y abrazador. Entonces logras recordar que ese vacío ya lo habías sentido anteriormente; desde el mismo instante en que alguien deja esta vida y parte hacia lugares ignotos deja en su lugar un enorme vacío que nos recuerda cruelmente su ausencia. Entonces te resulta inevitable sentir pena por aquella alma prisionera de la nada, por aquella joven condenada a vagar por este mundo totalmente ajena de lo que en él acontece. Pero de repente consigues percibir algo más… el vacío absoluto empieza a albergar lentamente a la tristeza, se va llenando poco a poco pero de tal manera que casi puedes palparlo. La joven, víctima de la sevicia de aquel sentimiento sacude levemente su cabeza para evitar consumirse en él. Intenta despejar su mente tomando conciencia de su localización pero tal pensamiento se ve interrumpido con la certeza de que está siendo observada. Entorna sus ojos hacia el lugar donde siente se localiza su inquisidor y al encontrar tus ojos te dedica la más triste de las miradas que este mundo haya visto jamás.
Conmovido por aquellos sucesos decides cerrar tus ojos para aclarar tu mente, te preguntas ¿por qué en aquel instante pareces estar dotado de una gran sensibilidad que te permite conocer los sentimientos de quienes te rodean? o ¿siempre has tenido esa facultad y no te habías percatado de ello por estar sumergido en tus propios asuntos?

Después de que la espera se prolongara por algunos minutos más, finalmente tu turno ha llegado. Entras al consultorio, saludas a tu doctor, quien a su vez te devuelve el suyo (sin abandonar su escritura ni levantar su mirada) mientras te pregunta lacónicamente: ¿cuál es el motivo de su consulta? Le respondes que desde hace un par de días vienes sintiendo un cierto dolor de cabeza acompañado de mareos y una cierta… ¿cuál es su ocupación? (te interrumpe el médico) Escucha atentamente tu respuesta mientras te pesa y te toma el pulso arterial. Finalmente concluye diciendo: “usted es una persona muy sana, sus signos vitales están dentro de los parámetros normales, bájele al ritmo de trabajo y reduzca sus niveles de Stress. Sin embargo le voy a dar estos analgésicos para que se los tome cuando sienta dolor.” (Te entrega la prescripción médica, y continúa sumergido en sus documentos) “Tendría la amabilidad de llamarme al siguiente paciente, el señor… (Primera y única vez que te regala una mirada en los Tres minutos que tardó la consulta).
Sales terriblemente agotado de aquella sesión, preguntándote cómo es posible que alguien que trabaje cuidando la salud no te regale siquiera una mirada mientras le hablas de lo que te sucede. Recuerdas que esa tarde, con tan sólo una mirada lograste escrutar pensamientos y sentimientos de algunas personas a tu alrededor. ¿Cuánto más podrías haber conocido de aquellos seres si tan sólo hubieras cruzado un par de palabras con ellos? Habrías evaluado y recopilado información asimismo de sus voces (timbre, entonación, emisión…), su expresión, sus gestos, el contenido de sus palabras, sus pausas, sus silencios... ¿no es verdad que esta situación de deja un profundo deseo de ayudar a estas personas?
Debemos cultivar nuestras habilidades comunicativas independientemente de nuestra profesión, pues es a través de esta (la comunicación) que lograremos hacer práctico y aplicable nuestro conocimiento, ye que este es inocuo si no tenemos la capacidad de aplicarlo, transformarlo y transmitirlo efectivamente.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Expresión oral del profesional en Ciencias de la Salud

A través de la expresión oral logramos desarrollarnos y comunicarnos efectivamente en sociedad; es decir, logramos transmitir nuestros pensamientos, sentimientos, deseos e ideas a las personas que nos rodean.
Por tanto, se hace necesario examinar las habilidades de expresión oral del Profesional de la salud y la efectividad en la comunicación que se establece con el Paciente, dada la importancia que ésta entraña en el ejercicio de la profesión Médica.
Como Pacientes, esperamos que el Médico adopte una actitud comprensiva, que esté dispuesto a escuchar nuestros síntomas, realizar los chequeos pertinentes y posteriormente arrojar un diagnóstico que nos permita adoptar a un tratamiento para recuperar nuestra salud; ignorando generalmente la complejidad del proceso de comunicación que estamos entablando con nuestro Médico, quien deberá esforzarse por comprender plenamente los síntomas que aludimos, realizar complejas operaciones mentales para asociarlos con determinadas enfermedades, descartarlas mediante un cuidadoso examen físico, llegar a un único diagnóstico y finalmente pensar en el tratamiento más efectivo de acuerdo con las condiciones específicas del paciente.
Pero el proceso comunicativo no termina allí, ya que el Médico debe estar en la capacidad de explicar plenamente a su Paciente el mecanismo exacto del tratamiento que se adoptará. Es el momento más importante de la consulta, y por tanto, es en este punto donde la expresión oral del profesional de la salud se pone a prueba.
Además de despojarse de la terminología técnica y adoptar una que resulte familiar y cotidiana al Paciente, facilitando la efectividad en la comunicación, el Médico debe estar en la capacidad de dar a conocer el diagnóstico de tal manera que genere confianza, tranquilidad y ánimo para que el Paciente se concientice de su estado físico y se percate de las conveniencias de adoptar el tratamiento; y de esta manera contribuir efectivamente a la recuperación de su bienestar.
Pero si estas habilidades en la expresión oral del Profesional de la salud no son eficaces, de igual condición será la calidad de atención y servicio que se preste a los pacientes, perdiendo, de esta manera, todo el valor que guarda esta noble profesión.
De esta manera se aprecia la importancia que implica para los estudiantes de medicina y otras áreas relacionadas con las ciencias de la salud cultivar sus habilidades comunicativas, ya que éstas les ofrecerán una herramienta indispensable para el ejercicio de su profesión.